viernes, 27 de septiembre de 2013
Él
Y allí seguía, malgastando (o quizá ganando) agónicos instantes de desesperación silenciosa.
Y allí nacía el terror y sus noches de angustiosa pesadilla, allí pastaban a sus anchas los herbívoros monstruos de su conciencia.
Allí era donde maquinaba planes secretos, donde su imaginación creaba nubes de calor adherido a un alma que tiritaba del frío de estar sola.
Allí, donde se acababan las calles y empezaban los prados, echaban a andar de la mano él y su locura, hablando a la vez, creando juegos sin sentido, cantando en voz baja las formas que creaba el humo de sus recuerdos quemados.
Allí era donde se postraba, en silencio, absorto en pensamientos que nunca verían un ápice de luz. Donde las vacas flacas engullen a las gordas, tras el opaco iris de sus ojos alzaba los cimientos, las paredes y el techo de esa habitación.
Esa habitación que no era en su mente más que el almacén de los recuerdos dormidos, los retales de fantasías y realidades que no es ya capaz de distinguir.
Allí, en esa lejana mecedora, acurrucaba la débil llama que aún lo unía a una vida a la que no estaba seguro de querer pertenecer.
Allí se encontraba día a día con sus sueños, sus metas, sus derrotas, sus caídas. Allí era donde decidía que quizá valiera la pena seguir vivo un día más.
lunes, 16 de septiembre de 2013
Soñando
Era como vivir soñando, como apartar la niebla con un simple roce, el de sus labios. Era acercarse a él y que su olor le acelerase el pulso, era sentir que se paraba el tiempo al verse reflejada en sus ojos.
Se decía a sí misma que no lo quería, porque el miedo a perderlo entonces sería demasiado insoportable.
Y era entonces cuando sonaba el despertador y volvía a la realidad de la cama vacía, del luto, y se arrepentía de haber vuelto a soñar con los primeros tiempos, como si recordar cuando se conocieron lo fuera a traer de nuevo a la vida.
sábado, 17 de agosto de 2013
A cien por hora
No sé cuánto tiempo permanecimos así, ella llorando, yo deseando que no se me saltaran las lágrimas porque no soportaba verla mal. Hasta que por fin lentamente se apartó, llevándose las manos a los ojos. Y vi pequeñas perlitas que no eran otra cosa que sus lágrimas entre las uñas bien perfiladas, que bajaban por los dedos blancos y delicados.
Y al apartar las manos allí estaba de nuevo, serena y firme. Con los ojos algo rojos, pero no importaba, sólo acentuaba lo claro de su mirada, de sus enormes ojos azules. Cómo la quería y qué poco nos lo demostraba.
Fue ella quien tuvo que lanzarse. Fue la primera en cerrarme los ojos y abrirme el apetito. Fue ella quien se inició y, con aquel primer beso, fue capaz de ponerme el corazón a cien por hora.
viernes, 2 de agosto de 2013
Cadenas
No recordaba más que lo que ya permanecía dentro de él como una verdad insoldable, eterna, mezquina. Su único recuerdo era la roca dura, los grilletes oxidados. Su único recuerdo era la luz que provenía de la superficie, era el eco de las pisadas de las ratas, el sabor de las lágrimas y un dolor tan grande, como si hubiera perdido algo...
Quizá hubiera perdido algo, no era capaz de recordarlo. Pero suponía que sí. Bueno, más que suponer, algo se lo decía. Era como si en algún lugar de su mente un recuerdo oxidado quisiera ponerse de nuevo en funcionamiento, sin conseguirlo nunca. Quizá con el tiempo.
A ella el sabor de las horas se le hacía monótono. Cada dos días venía Alguien, no conseguía saber quién. Le habían vendado los ojos y había tenido que agudizar los otros cuatro sentidos para no volverse loca allí fuera. Porque sabía que estaba fuera. El viento era demasiado fuerte en algunos momentos, los rayos del sol abrasadores y las precipitaciones... Las precipitaciones no existían. Estaba en algún lugar tan alto que superaba la franja de las nubes. Eso explicaría también que no hubiera oído ni un sólo pájaro. Pero cada dos días venía Alguien.
Alguien le llevaba comida y la examinaba con la vista, pero nunca hacía ningún comentario. Sabía que la miraba por ese extraño cosquilleo que se le extendía por todo el cuerpo. Y la comida que le llevaba no podía llamarse realmente así. Bueno, podría si por "comida" se hubiese entendido alguna vez una serie de sueros destinados tanto a su alimentación, como a provocarle un continuo deterioro de la memoria. Bueno, tampoco de la memoria, tan sólo la memoria que se refería a él. Había un frasco, de entre los cinco que Alguien le daba a probar cada vez que la visitaba, que tenía ese efecto. Era algo que había averiguado a las pocas semanas de cautiverio, aunque no sabría decir el tiempo que hacía de eso. Por eso, cada vez que Alguien venía, procuraba beber sólo un poco de cada frasco. Así, ciertamente, iba aumentando la desnutrición. Pero conseguí también su principal objetivo: no lo perdía, no perdía su recuerdo, no perdía cada uno de los maravillosos momentos cuya penitencia ahora estaba pagando.
Ella estaba en lo más alto de la más alta torre, en el pico más alto de la montaña más alta del mundo. Y él, como los caballeros andantes que pasan su vida buscando a la princesa, vivía en lo más profundo del valle, en el más angustioso hastío. La única diferencia entre los cuentos y la realidad era que nunca se unirían. Que sus manos y pies estaban atados. Que no se darían el más bello beso, sino que recibirían el beso eterno de la muerte.
Quizá algunos pensasen que era una forma bella de morir, pero no veían nada bello en morir si no era el uno en los brazos del otro.
lunes, 29 de julio de 2013
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Era la mirada de quien nunca había tenido nada; de quien lo había tenido todo, pero en su interior. ¿Y qué era yo, en comparación? No era nadie, no era nada si comparabas mi mirada con tintes de vacío con la suya, que tanto mostraba. No era mucho más que ese espectro que se sentaba con ella en la mesa, que admiraba la belleza de su armonía fija, que bailaba entre la sombra de sus pestañas y que besaba con la mirada cada centímetro de su piel impoluta, de las fŕagiles ondas de su pelo. No era yo más que una mera espectadora, muda, callada, que contenía el aliento queriendo hacer eterna su belleza efímera, queriendo fotografiar cada cadencia en sus movimientos, cada suave matiz en la curva de sus labios.
No era más que el director loco por la fuerza de su mirada, no era sino el turista maravillado ante la más plena obra de arte. Era sólo yo. Y ella lo era todo.
Oí sus pasos y forcé un poco más la sonrisa. Guardé el espejo de mano y me levanté para saludar a mi verdadera cita de esta noche, quien no sería capaz de apreciar ni la mitad de los suaves matices que me hacían tan bella aquella noche.
domingo, 19 de mayo de 2013
Miedo
La chica corría por el pasillo, asustada, buscando con los brazos alguna salida que la alejase de la luz que parecía engullirla.
Sus pasos se alejaban cada vez más de esa luz que la llamaba y la absorbía. Pero ella tenía muy claro que no quería pertenecer a la luz.
Y corría, y corría hasta que sus manos toparon con un recodo. Asustada por el rápido avance de la luz, giró sin cercionarse del peligro que había más allá, sin ser consciente de la luz que venía de frente hasta que le quemó las retinas acostumbradas a la penumbra.
Ahora ya no existe para ella más que la oscuridad tras sus ojos demacrados, ya no controla el avance de la luz, ya no imagina lo cerca que está de ella, las suaves caricias en la piel de sus piernas que tiemblan por el miedo de lo desconocido.
La precipitación nos ciega, y la ceguera nos hace débiles. Y no se es más débil que con miedo.
Pero, por desgracia, el miedo es el artífice de nuestras vidas.
miércoles, 20 de marzo de 2013
La razón de tu sonrisa
Por qué quiero hacerlo deberías saberlo, creo que lo saben muchos aparte de nosotras. Porque si tú eres la razón de mi sonrisa, es lo mínimo que puedo hacer. Porque si eres tú quien me aplaude cuando caigo, si eres tú la que me ha enseñado que se puede hacer una nona para estudiar, si eres tú quien da ese punto absurdo y fresco a mi vida es lo menos que puedo hacer.
No voy a decir que andaba a oscuras, porque ya vinieron otros antes que tú que pusieron luz. No voy a decir que no sabía andar, porque también me habían ya enseñado. Pero en ese mundo iluminado me sobraban los pies, me faltaba la dirección y no encontraba el camino.
Y de repente, poco a poco, se fueron perfilando en mi horizonte tus ojos, tu desordenado pelo, tu sonrisa medio torcida y ese ademán sexy que te sale sin tú quererlo. Y ya tenía todo lo que necesitaba; es como si fueses la pieza que faltaba a este puzzle que es mi vida. Ahora ya tenía la visión, los medios y el objetivo, que era esa sonrisa en el horizonte.
Me enseñaste, sin embargo, a descubrir atajos; que a veces salirse del camino de buscar tus carcajadas no son sino otro medio de encontrarlas aún más rápido; que salirse demasiado podría provocar la pérdida del objetivo.
Me enseñaste tanto que no puede decirse con palabras, porque cosas como la entereza, la fortaleza o el uso de la ironía no se pueden describir. Me enseñaste a sacar los dientes a quien me ofende y a no dejarme amedrentar.
Me has hecho un poco tuya y yo te he hecho un poco mía, y ahora todos saben que no hay una sin la otra. Y doy gracias, porque no me agradaría perderte. Porque a pesar de que a veces me salga demasiado del camino, el objetivo no cambia y mis pasos van encaminados hacia él.
De cómo conseguí los medios (los pies, la energía, la luz) no tardaré en hablar a mis queridos lectores, pues fue también gracias a tres personas que lo cambiaron todo. Sin embargo, la persona a la que le digo esto debería saber que va por ella. Mi reactivo limitante que impide que reaccione por completo, la cara que se esconde tras mi cruz.
La sonrisa que hace que realmente me despierte por las mañanas y a la que despido cada noche. Gracias por todo, y ojalá no me faltes nunca.
Y no lo olvides, si quieres llorar estoy aquí a tu lado.
Sonríe y utiliza tu boquita, sé que con ella harás cosas maravillosas.
sábado, 2 de marzo de 2013
No llores, cariño.
sábado, 29 de diciembre de 2012
Madrastra
Y, por supuesto, todos conocen a la madrastra. La Malvada Madrastra, para la mayoría de vosotros. La Fea del Espejo, para otros.
Pues bien, esta madrastra se dirige hoy a vosotros para contaros que quizá la historia no es tal y como vosotros la conocéis, y que puede que el punto de vista cambie mucho la historia.
Según todos creen, me casé con el padre de la bella princesita para vivir de él en esa especie de mansión/palacio que todos conocemos.Pensadlo. Si me hubiera casado con un hombre lo suficientemente rico para tener un palacio, ¿no me habría sido mucho más cómodo contratar a un servicio antes que tener a la hija de ese hombre limpiando?
No, mis animalitos. El pobre hombre (James que se llamaba) era un viudo caído en la miseria, sin un duro, sin trabajo ni oficio conocidos, que una vez muerta su mujer no tenía a nadie a quien chupar la sangre. Cierto es que me enamoré de él, pero en mi defensa argumentaré que fui engatusada por su labia y su forma de mirarme. Por desgracia, cuando nos mudamos la cosa cambió mucho. Esos piropos y miradas lascivas que me propiciaba se convirtieron bien pronto en golpes y gritos, en moratones con mi nombre.
Es cierto que me cansé, que quise devolverle todo el daño que me había hecho y me seguía haciendo. Y lo pagué con su hija. Pero, no nos engañemos, la niña no era ni de lejos como pinta la historia. Cambiad la piel blanca por unas manchas algo incómodas de mirar, como si fuera un pálido leopardo con anatomía humana. Trucad los carnosos labios en delgadas lineas siempre apretadas en una mueca de disgusto por y para todo. Y ahí la tenéis. La hermosa Blancanieves de la que habéis pasado media infancia enamorados, a quien gustabais imitar cuando erais más niñas, no es más que una niña fea y consentida que no es capaz de hacer la O con un canuto. La pobre niña hacía de su vida un mundo, de cumplir con las mismas labores con las que yo cumplía una desgracia permanente.
Pero el servicio (que al igual que todo, debemos rebajar a unos niveles bastante más pobres que los de la historia que conocemos) no era más que un ingenuo porquerizo que dejó escapar a la niña a cambio de no sé qué favores que tampoco quiero investigar. Claro que me enteré de que no había cumplido la tarea. Claro que la busqué. Pero no vivía con unos enanos mineros como creeis, sino que la encontré en una cueva intentando sin éxito hacer fuego para espantar a los lobos que ya se peleaban por sus casi inexistentes carnes. Al final no la maté. La dejé a merced de los lobos que, igualmente, acabaron por matarla.
Vale, podría decirse que la maté. Tampoco nadie la iba a echar de menos. Bueno, a excepción de ese príncipe que ¡Oh, Dios mío! ¿Olvidé decir que no existe tal príncipe? Espero que a estas alturas al menos lo hubieseis intuido. Alguien decidió darle un final feliz a la historia, no pasó más. Blancanieves (cuyo nombre real podéis imaginar era otro bien distinto) murió en el bosque, rodeada por los lobos que más tarde se pelearían por roer sus huesos.
Al menos ella murió. Cuando James se enteró por el porquerizo de mis planes para con su hija mis problemas fueron peores que los suyos. Las peleas se convirtieron en algo diario y el color de mi piel acabó mutando de un saludable rosado a un triste malva. Y nunca acababa. Al final él murió antes que yo, habiéndose gastado casi toda mi fortuna en Dios sabe qué negocios que nunca vieron la luz, habiendo acabado con mi salud mental para siempre y habiendo hecho de mí una completa desgraciada. Y yo me pasé media vida deseando haber sido ella, deseando haber muerto libre en el bosque en lugar de haber vivido junto a su padre aquel desastre de vida.
Sólo quiero demostrar que las historias más populares no son siempre las reales, que dependiendo del punto de vista todo puede ser muy diferente. Y que los cuentos son siempre más bonitos que las historias reales pero que desgraciadamente son lo menos frecuente.
martes, 6 de noviembre de 2012
Hoy me acordé de ti.
Sólo quería saludarte, saber qué es de tu vida, qué haces con tu tiempo, si sigues riendo y llorando como antes.Yo sigo bien, con mis problemas, mis líos tontos, mis sonrisas intensas y mis problemas fugaces.
Hoy me acordé de ti, hoy volví a oir tu voz y tu respiración agitada, volví a recordar cuando me querías y yo no sabía como darte lo que no podía darme ni a mí misma.Y quise hablarte. Y, como acordamos, no te encontré por más que quise buscarte.
Espero que todo vaya bien, que hayas vuelto a ser feliz. Seguro que ya hay otra que se atreva a calentar tu cama como yo nunca pude hacerlo, seguro que ahora es otra persona quien te insulta y te dice te quiero, quien comparte contigo hasta el último segundo de su vida. Seguro que le gusta, como me gustaba a mí.
Espero también que cambiasen las cosas, que fortuna pasara cerca de tu vida, que el trabajo, el dinero, la salud, sean más propicios de lo que auguraba tu entorno. Espero que los astros jugasen de tu parte, espero que seas feliz.
Pero hoy vengo a darte las gracias, aunque no lo parezca, por haberte ido. Porque, a pesar de cuánto te echo de menos, sé que estoy mejor así. Sé que he avanzado mucho desde que no te encuentro, sé que contamos más separados que juntos. A día de hoy, si bien no todo es como yo quisiera, ni como ambos esperábamos que fuese, si es mejor de lo que nunca ha sido. O quizá soy yo, que estoy cambiando.
Quizá la presión no fuera sólo de mi entorno, quizá también tú aportases tu granito de arena.Quizá fuera yo que me sentía culpable por hacerte daño, quizá tú que no entendías mi complicada forma de ser. Como fuera, ya no importa, todo ha acabado.
Y como hoy te eché de menos, empecé a pensar en todo esto. Comencé a oir las distintas voces de mi conciencia, que llevaban tiempo invitándome a pensar en ti aunque mi cabeza intentara expulsarte llenándose de otras cosas.
Hoy me senté a dialogar con mis ideas, tomé un café con mis recuerdos y tendí la mano a los rencores que tenía contra mí misma por lo que te hice. Porque lo hice mal.
Quizá si yo fuera diferente, hubiéramos llegado a otro puerto. Pero cariño, soy a la vez olas y pasajero en este bote a la deriva, y lo mismo me quejo de las circustancias que las desencadeno. Hoy por hoy no me arrepiento de lo que hice, aunque sí de la forma en que lo hice. De cualquier manera, es tarde para volver atrás, pronto todo esto quedará en el olvido.
Sólo quería decirte que hoy me acordé de ti, y que fue bonito escuchar tu voz. Pero fue más bonito aún caer en la cuenta de que no voy a volver a escucharla, porque ya no eres parte de mi vida, porque he aprendido a ser feliz sin que seas mi salvavidas. He aprendido a nadar en mis propias olas, ya no me importa caerme del bote.
Espero, eso sí, que tú hayas llegado al puerto sano y salvo, sin más daño que un simple arañazo que sanará en poco tiempo. Y, ante todo, espero que seas feliz sin mí, como yo lo soy sin ti.
Hasta siempre,
La nunca más musa de tu simpatía.
viernes, 7 de septiembre de 2012
No sé si la palabra es hipotético o deseado.
Aquella habitación, el rastro de sangre en las paredes, el olor a muerte. El resto de un aliento en el aire, de su último aliento, y un cuerpo sin vida en el suelo. Pero no un cuerpo cualquiera, sino su cuerpo.
A su mente venían ráfagas de imágenes intermitentes, como una película vieja que funcionara a ratos. Habían quedado y esa tarde ella había propuesto ir a un sitio distinto ("Haremos algo especial", había añadido con esa sonrisa tan característica suya), a una casa en medio de ninguna parte y que la chica había visitado con anterioridad. El chico accedió con una sonrisa de suficiencia, seguía creyendo que era él quien llevaba el control. Otro fogonazo. Él estaba atado a una silla mientras ella asestaba puñaladas mortales en su pecho con una fuerza que ni ella misma esperaba tener, sintiendo cómo el cuchillo desgarraba la piel, se acercaba a los órganos y los atravesaba con una sensación a la vez deliciosa y malvada, como de estar haciendo algo sumamente placentero que lo es más por el hecho de estar prohibido. Salpicaba las paredes de sangre, formando extrañas y aterradoras formas en el color sucio de una pared desgastado por el tiempo, con una banda sonora formada por los gritos de él y las risas de ella, la risa nerviosa de quien sabe que está haciendo algo mal, la risa frenética de quien se siente liberada, la risa inocente de una niña que no repara en las consecuencias de sus actos y sólo busca una nueva forma de diversión.
Y ahora lo veía ahí, tumbado en el suelo. Casi podría decirse que dormía si no fuera por el charco oscuro que formaba la sangre alrededor de su cuerpo inerte y esa herida tan grande y fea en el torso.
Oía una voz en su cabeza, su voz, diciéndole una y otra vez que la amaba, que la necesitaba, que sería suyo para siempre. Recordaba su respiración agitada aquella vez que lloraba y le pedía perdón por haberla perdido sin darse cuenta, cuando le repetía incansablemente lo importante que era para él. Y volvió a mirar el cadáver, pero esta vez con una visión completamente distinta.
Lo miro a la cara, recordando cuando cada noche soñaba con besarla, y volvió a imaginarse haciéndolo. Bajó su mano por el fuerte pecho, por su suave estómago, acariciándolo con dulzura una y otra vez. Como siempre, sus sueños le vinieron de repente, aunque esta vez les acompañaba su voz riendo con ella, gimiendo en su oído, susurrándole entre caricias y recordándole su amor, tal y como siempre lo hacía.
-¿Qué he hecho?- Pensaba una y otra vez, notando cómo los ojos se le empañaban poco a poco.
Miró de nuevo al chico al que, ahora se daba cuenta, seguía amando a pesar de todo el daño que le había causado. Fijó la vista en su cara y en su pecho, inertes ahora que ella había decidido llevar la locura de su amor al extremo del asesinato.
-¿Qué he hecho?- Se volvía a repetir mientras las lágrimas resbalaban por su cara como un río desbocado de aguas interminables.
Con un grito se desplomó junto al cadáver besándolo, mezclando sus lágrimas con la sangre aún caliente de aquel ser que seguía siendo el centro de su vida, lo más importante, su razón para seguir adelante, y a quien había arrebatado la existencia. Se acercó a sus dulces labios y los besó, susurrando su nombre, llorándole en silencio, implorando que reaccionase de una u otra forma y sintiendo cómo algo se rompía en su interior. Ahora lo sabía, lo amaba como nunca había amado a nadie, y no lo supo ver hasta que no fue demasiado tarde. Sin él, ahora lo entendía, no habría nada.
Ahora su llanto no era quedo, sino que los gritos de angustia se mezclaban confusamente en su cabeza con las lágrimas, los recuerdos y ese dolor sordo que le partía el pecho por la mitad y que era peor que cualquier sufrimiento que nunca hubiese sido capaz de imaginar.
Poco a poco su llanto se fue extinguiendo y la chica se vio capaz de levantarse, agarrándose el pecho, abrazándose a sí misma, pues sentía que en su interior algo se había destrozado por completo y dañado sin que hubiera manera alguna de arreglarlo. Lentamente y sin prisas, pues nada importaba ya, cogió del suelo el cuchillo, el único culpable y testigo que quedaría de todo lo sucedido en aquella habitación. Al mirarlo, vio también sus manos empapadas en sangre, igual que su ropa y, supuso, su cara. Miró el cuerpo sin vida una vez más y hundió el arma dentro suya, dejando que arrasara con todo lo que encontrara a su paso. Sonrió una vez más antes de cerrar los ojos y dejar que la muerte la arrastrara dulcemente hasta su acogedora morada, pronunciando unas palabras de amor que nadie escucharía.
Fue lo último que pudo llegar a pensar. Después, una ingente cantidad de sensaciones nuevas la invadió para anunciarle el fin. Sintió que su vista se difuminaba, que el tacto disminuía conforme iban disminuyendo los latidos del corazón, que previamente hubo cabalgado como un caballo salvaje sin rumbo ni jinete. La lengua se le pegaba al velo del paladar sin que fuese capaz de separarla y sintió que los oídos primero le pitaban muy fuerte para después someterse al más largo y terroríficamente relajante silencio.
Silencio, sólo silencio.
viernes, 6 de julio de 2012
sábado, 23 de junio de 2012
Mindbrain (I)
Finalmente montó la última pieza y respiró hondo. Se levantó lentamente, estiró los miembros y se quitó un bolígrafo que usaba para sujetar el pelo, un gesto fácil y rápido que aprendió en sus años de estudio. A su espalda cayó una melena larga y negra. Sonriendo cogió uno de los mechones entre los dedos y lo observó. En realidad ese no era su color natural, pero siempre le había gustado y le ayudaba a mantener una imagen que ella misma había creado.
Avanzó hacia la nevera y la abrió, mostrando agua, golosinas y alguna que otra verdura. Cogió algo al azar y se lo echó a la boca, bebió agua y se encaminó de nuevo a la habitación contigua, que hacía las veces de salón, comedor y dormitorio. El apartamento, de menos de cincuenta metros cuadrados, tampoco daba para más.
Aún así, era todo lo que siempre había deseado tener. Desde que tenía uso de razón había querido salir de casa, alejarse de todo y hacer una vida por sí misma, empezando desde cero y sin mirar atrás. Algunos lo llamaron miedo, huida...Pero no importaban ellos ni lo que pensaran, esa era su vida, tal y como ella la había formado, y no había vuelta atrás. "Eso es, ésa es la primera regla", se dijo a sí misma, "no hay vuelta atrás. Pase lo que pase, hagas lo que hagas, no vuelvas la cabeza atrás, no pienses más en ello. Tanto si lo haces bien como si lo haces mal tendrá sus consecuencias, pero no tiene sentido mirar al pasado y preguntarte "¿Qué hubiera pasado si?", porque en la vida no existen los condicionales ni las segundas oportunidades."
Parpadeó mientras volvía a centrar la mirada. Le pasaba siempre que pensaba en un momento de calma, se quedaba mirando al infinito, se le dilataban las pupilas y los ojos adoptaban una expresión de sorpresa. Sin embargo, en los momentos de acción la cosa se volvía bastante diferente. Sacudió la cabeza intentando no volver a distraerse en sus pensamientos
Fue entonces cuando escuchó por primera vez el timbre del teléfono, que debía llevar un buen rato sonando. No tardó en encontrarlo en el perfecto orden de su única habitación y descolgó con una sola palabra:
-Mindbrain.
sábado, 2 de junio de 2012
Vacío.
Duele ver mal a alguien que quieres, duele saber que algo ocurre y que no puedes ayudarle, porque no sabes siquiera si el problema eres tú. Duele que el día a día no cambie, que te cansen con ese algo que nunca has llegado a entender del todo. Duele la distancia, duele no poder tener a quien queremos y nos quiere aquí al lado, no poder abrazarlo y besarlo tanto como nos gustaría.
Sin embargo, el dolor no es malo. El dolor nos hace sentir que estamos vivos. Aunque no sea bueno, el dolor es un sentimiento, una muestra de que seguimos respirando. Lo peor es el vacío.
El vacío es levantarte y no ser capaz de sentir nada en el pecho. Es comer por costumbre, sonreír por no hacer sentir mal a la otra persona. El vacío es no llorar, porque nada te duele, porque nada te afecta. Pero tampoco nada te alegra. Es vivir en un limbo dentro de tu propio cuerpo, es ser una sombra andante, es no sentir. El vacío es un dolor que llegó al tope y nos comió por dentro, es el letargo y la falta de expectativas que se comió nuestros sueños. Es rajarte para ver tu sangre y comprobar que sigues vivo, porque realmente no lo sabes, quizá ni siquiera lo estés.
Da miedo. El vacío da miedo. Porque no es algo externo que puedas evitar, es algo que está dentro tuyo, algo de lo que no puedes huir, porque no sabes siquiera cómo ha llegado allí. Y si, como yo, eres aún una niña pequeña a la que se le da bien huir de sus miedos, esta sensación es la peor de todas, es el miedo del que no se puede esconder, porque el fantasma eres tú mismo.
Por eso yo no temo la aventura (aunque salga mal), no temo el dolor, no temo el llanto. Porque mientras sufres estás vivo, El problema viene cuando no lo estás.
domingo, 27 de mayo de 2012
Despedidas.
domingo, 22 de abril de 2012
Animales.
lunes, 9 de abril de 2012
Una sonrisa.
domingo, 18 de marzo de 2012
Pero ahora que estoy aquí, ya respondo a las preguntas a las que he sido nominada por Marisa :
1-¿Qué momento de tu vida te trae mejores recuerdos?
Depende de qué tipo de recuerdos hablemos. Están los momentos reales, y la ficción. De los reales guardo, al menos de momento, como ejemplo el último 16 de Marzo, antes de ayer, el día de mi cumpleaños que pasé con la gente que realmente quiero ( Marisa ,Gaucho y Alberto).. De los ficticios guardo los momentos con esa familia que no considero tal, y que prefiero sinceramente olvidar.
2-¿Qué sentimiento es el que más me gusta?
Tengo que copiar a Marisa, y por tanto a MaJmá, es el amor. En todas sus formas de expresión: amistad, cariño, familiaridad, amor del de verdad...
3-¿Cómo te imaginas dentro de 20 años?
En un país muy lejano, de cuyo nombre no pueda acordarme. Me gusta pensar que seré feliz, y hay gente a la que le gusta pensar que tendré la familia que hoy día tengo como imposible. Ojalá todos tengamos razón.
4-¿Hay algún personaje ficticio (televisivo, literario...) con el que te identifiques?
Realmente no. Soy demasiado complicada y a la vez absurda, soy demasiado Carmen como para parecerme a alguien más.
5-¿Cuál es tu verdadera vocación (en lo que a estudios se refiere)?
Quiero ser médico. Quiero ayudar, quiero ser útil. Quiero ver un humano por dentro y saber qué pasa en cada una de sus células. Y realmente ahora mismo es lo único que quiero hacer, cuando no me de la nota de selectividad ya veremos.
6-¿Qué cosas te llevarías a una isla y por qué?
Mi móvil, e internet. Lo cierto es que también me gustaría llevarme a la gente que quiero, pero no estaría bien atarlos a mí, así que me los dejaría.
7-Dime qué deseo te gustaría que se cumpliese, y por qué.
De momento tengo más de lo que pueda pedir.
8-Cómo reaccionarías si tu mejor amigo/a te hiciese una jugarreta.
No pasaría nada, I swear.
9-¿Alguna vez te has sentido avergonzado por algo?
A menudo. Demasiado a menudo.
10-Si te dijeran que vas a morir mañana, ¿qué harías esta noche?
Practicar el coito repetidas veces.
11-¿Crees que nuestro destino está escrito o crees en el azar?
El destino lo escribe uno mismo, y es eso lo que más nos hace seguir hacia adelante.
martes, 6 de marzo de 2012
Un "gracias" escondido.
Esa gente que, pase lo que pase, vaya como vaya tu día siempre está ahí, esperando con una sonrisa (o quizá una lágrima) esperando a que aparezcas. Esa gente que escucha tus alegrías, tus penas, tus miedos escondidos y tus chistes con efecto soporífero. Por esa gente que, en definitiva, permanece a tu lado cuando los necesitas. Porque a los amigos no sólo los necesitas en los baches, los necesitas también en tus alegrías, para compartir con ellos esa felicidad de la que disfrutas y que sabes, en parte, que les debes.
Esas personas que todos tenemos, aunque a veces nos veamos tan hundidos que no lo queramos admitir. Esas personas que pueden vivir al lado tuya, o quizá en la otra punta del planeta. Pero, en definitiva, alguien con quien puedes contar.
Es bonito levantarse un día y mirar atrás, ver todos aquellos bajones bajo una nueva luz, ver aquellos instantes en los que creiste estar sola y saber que nunca volverá a ser así. Porque les tienes a ellos, porque ellos son la luz que se ve al alzar la cabeza, por mucho que te hayas adentrado en el pozo. Esas personas (o esa, en realidad con una ya es suficiente) que se niegan a aceptar que les des las gracias, que entienden y atesoran cada una de tus muestras de cariño por muy extrañas que sean. Gente que merece la pena, gente difícil de encontrar y gente a la que sin duda quieres mantener en tu vida.
Y ésta, porque no se me ocurre otra, es mi forma de darles las gracias por estar ahí, por ayudarme a levantarme cada vez que caigo, por avisarme y aconsejarme un descanso cuando ven que me flaquean las piernas. Por mis tres amigos, por quererme y apreciarme tal y como soy. Por saber ver en mí lo que los demás muchas veces negamos y no inventar virtudes como excusa para su cariño. Por conocer mis defectos y no sentirse mal ante ellos, por ayudarme a aprender de mis errores y por disfrutar conmigo cada una de mis carcajadas. Por todos esos "gracias" y "te quiero" que a veces me callo por miedo a ser pesada. Porque sin vosotros mi vida no sería igual, y lo sabéis.
Gracias por ser parte de mi vida, por haberme dado la oportunidad de conoceros y hacerme un huequecito en vuestro corazón.
Que os quiero es algo que os repito a diario, pero aún así, si no sois conscientes, lo hago y de veras.
Y a los que tengáis alguien como ellos un consejo, no los perdáis por una tontería, porque una amistad que valga la pena es algo muy difícil de conseguir, dadle valor al bien tan preciado que poseéis.
sábado, 4 de febrero de 2012
Cosas que pasan.
Y sin embargo has llegado hasta aquí, has visto su cara, has acariciado sus manos. Has soñado con sus besos y has sentido sus labios sobre los tuyos. Podría haber sido de mil maneras distintas, un sólo gesto o palabra podía haberlo torcido todo. Y sin embargo has llegado hasta aquí, has hecho mil avances aunque fueran a paso de tortuga.
Pero de repente algo cambia. Empiezas a pensar. Todos tus defectos vuelven a tu mente, destierran las virtudes de las que secretamente te enorgullecías y empiezas a preguntarte si algo ha fallado. Quizá esos besos no fueran ciertos, quizá lo que tu interpretaste como algo más no era más que una amistad sincera y valiosa.
El problema, como tú entendiste hace ya tiempo, es que tu no quieres su amistad, por muy bonita que pudiera ser. El problema es que tú necesitas otro tipo de cariño, otro tipo de caricias distintas a las que él quizá quiso prodigarte. El problema es que empezó por una tontería y al final esa persona te cala dentro, muy dentro, tan dentro que incluso lo necesitas.
Es entonces cuando te pones a pensar. Piensas qué pasaría si estuvierais juntos. Qué pasaría si lo dejases ir. Qué pasaría si, en vez de esperar la felicidad de todo el mundo, por una vez luchases por la tuya. Pero está en tu naturaleza, no puedes evitar ser así, prefieres ver sonreir a esa persona aunque sea a costa de tus lágrimas.
"Pero ya estoy cansada"dice una voz en tu mente "Yo tambien merezco ser feliz". Ya no sabes qué hacer, qué pensar. No sabes si callar o gritar al mundo entero lo que sientes. Y no lo sabrás nunca. Optarás por luchar o por dejarlo ir, y siempre te preguntarás qué habría pasado si hubieras elegido la otra opción.
Aun así no hay forma de cambiarlo, no hay nada que puedas hacer. Sólo te queda tirar hacia adelante, apechugar con lo que hiciste, pensando que, al fin y al cabo, son simplemente cosas que pasan.